Dones i poetes que escriuen per a recordar-nos qui sóm i d’on venim. I també, és clar, qui són, d’on venen aquestes dones que un dia van decidir escriure perquè tot estava per fer, encara que no sempre fóra possible.

Elegía española



A Luis Cernuda, en el polvo de México
“Guardad los labios por si vuelvo”.
 L.C.

Donde habita el olvido
antesala o espacio sin origen ni sueños
me encontró una mañana Paloma Altolaguirre
Fue en el número 11 de la Calle Tres Cruces
Coyoacan

Qué fácil tránsito
qué breve la mirada hacia el recuerdo
Todo pasó en aquella mañana
como si nada hubiera acontecido
hasta el punto final

La yerma realidad del deseo
alzó el fantasma último
La quimera expuso el blanco mutilado
a mi salutación de caminante
Largo fue el viaje y una enorme desgana
desenfocó la tersura de las horas
pero invoqué los placeres prohibidos
túneles que un sol oscuro hiere
y en la huella del alba
junto a un río del sur un amor no fingido
rezó al dios de lo efímero
bajo las bellas nubes que pasan a lo lejos

Tome mi pipa al despertar
descorrí las cortinas
pensé
Los niños tendrán frío camino del colegio
Era tan fino el aire
tan inocente la curva de mis ojos
reflejada en los vidrios
tan familiar el libro y el cuaderno cerrado
y el traje azul en el armario
cuerpo deshabitado esperando mi cuerpo
como un perro el gozo de la hierba

Amados míos
dulces rostros crueles que sólo yo conozco
Dónde será la ronda
dónde la hermosa comunión?
Yo vi el ángel de fuego
me envolvieron sus alas
pavesas huyeron de mis huesos
alta humareda sola
y más allá
un retumbo de gritos
un quebrantado soliloquio
faro de soledades
en la total ausencia de todo lo perdido

Abre la puerta ahora
no busques a tu madre
dóblate en mi arropada por tu misericordia
todavía te miro aunque no pueda verte
 Áspero huésped fui
recorrí taciturno la tierra avara de simiente
escribí que vivía fuera de mis fronteras
sin pesar ni nostalgia
con mi idioma como único ropaje
Compartiré el olvido con quienes yacen
muy dentro de mi pecho

Y tú
amiga de los días mejores
acúname, sonríeme
dime que estoy jugando
que me esconden
los solidarios árboles de América
en este tu jardín
 Torsos desnudos playas
risueñas arboledas
ofrendas ante un mar de levantadas olas
transitan sin reposo

Desgaja las ventanas
ignora el viento malo mugiente y dolorido
el llanto no perdura cuando la luz irrumpe
En las laderas de la patria mía
amanece un fulgor de piedra clara
Dame mi cuerpo azul
La mañana se yergue
Tus hijos ya me llaman

Por qué si es leve el tránsito
se me apagan los pájaros?
Hasta ofrecer sus almas
a la muerte, la patria más profunda.

Aitana Alberti

“Y de nuevo nacer”
Ed. Fundación Sisente – Zamora – 2008®
ISBN: 978-84-935337-5-5